martes, 24 de noviembre de 2015

EL ÚLTIMO CIGARRILLO 1ª PARTE

Había cogido aquél cigarrillo de la cajetilla de tabaco sosteniéndole entre los dedos mientras lo contemplaba. No recordaba cuánto tiempo llevaba allí, escondido en el fondo del cajón de la mesilla. Lo daba vueltas entre sus dedos con esa percepción extraña del deseo de fumarlo o simplemente evitar aquella sensación, que sin saber por qué, la estaba empujando de nuevo a ello. En su memoria volvían aquellas palabras que oía cada vez que encendía un cigarrillo: "Otra vez estás fumando... y eso que decías que sería el último". Aquellas palabras revoloteaban por su cabeza igual que aquella última llamada. "Le dio un dolor muy fuerte y decía que no lo aguantaba"... "Estamos en urgencias"... "Le están haciendo todo tipo de pruebas"... "No sabemos qué es".
Volvió a mirar el cigarrillo. Lo dejó sobre la mesilla y sacó la pequeña maleta de Gucci, suficiente para cuatro cosas elementales. Descorrió la cremallera de la misma y contempló el pequeño espacio. No sabía qué meter en ella, a primeros de verano el tiempo podría sorprender con cualquier temperatura, desde un calor extremo a una fuerte bajada de temperatura por la noche. "¡Qué más da!"- pensó - "En el hospital no necesitaría ropa de abrigo"..."¿Pero si salía a fumarse un cigarrillo? Entonces sí, si la necesitaría"... "Bueno, una blazer y aquél foulard estampado sería suficiente. Las zapatillas cómodas, esas sí que serían necesarias". Mucho tiempo en lugares así requerían de un calzado cómodo".
Abrió la puerta del armario y cogió un pantalón vaquero y una camiseta, ropa interior y un conjunto de repuesto, por lo que pudiera pasar. "Click", había llegado otro wasthApp: "Seguimos igual, esto va para largo". Volvió a mirar el cigarrillo que inerte e inamovible seguía sobre la mesilla de noche.    "No tengo mechero"- pensó, y se giró sobre el armario, mirando de nuevo hacia la pequeña maleta. "Es suficiente"..."La bolsa de aseo que no se me olvide". Abrió la puerta del mueble de baño. Aquella bolsa de Vuitton había sido burla de su hermano en más de una ocasión. "Mira que eres cursi, hasta la bolsa de aseo la tienes que tener de marca". Siempre le hacía enfadar con aquellos comentarios. "¡Qué más te da lo que yo compre", - le respondía. Sabía que se enojaba por ello y a él le gustaba cabrearla con aquellos comentarios, se divertía, pero a ella le sacaban de quicio. El paso de los años no le habían hecho entender lo que a él le gustaba "picarla".
"El cepillo de dientes, no se me olvide. Y el dentífrico". Salió, lo metió en la maleta y la cerró estando casi segura que era todo lo que tenía que llevar. Se sentó sobre la cama y cogió el teléfono. Abrió el wasthApp y escribió : " Salgo inmediatamente". Se quedó contemplando el mensaje, no dio a enviar, sin saber por qué lo borró. Sabía que no tardarían mucho en contestarla: "¿Qué dices? no vengas que no es necesario". Volvió a mirar el cigarrillo, era el último de una cajetilla, una cajetilla que no recordaba cuánto tiempo llevaría escondida en el fondo del cajón de la mesilla. Probablemente desde que firme, decidió que no volvería a fumar más. Para qué prometérselo a nadie, con hacérselo a ella misma bastaba. Así, si rompía aquella promesa no tendría que dar justificaciones. Lo cogió entre sus manos y fue hacia el ordenador, tenía que buscar un tren; no era una hora muy propicia pero estaba convencida que encontraría alguno. Mientras esperaba, cogió el cigarrillo y un mechero que encontró en el cajón del escritorio, encendió éste, pero en la pantalla de su ordenador aparecieron los trenes que saldrían en las siguientes horas. Dejó el cigarrillo sin encender, y el mechero sobre la mesa y reservó una plaza. Tenía 50 minutos. "No está mal. Probablemente en hora y media estaré en el hospital". Hizo la reserva y el pago y cerró el ordenador. Cuando se levantó de la silla y salía por la puerta se acordó del cigarrillo. Allí seguía junto al mechero, aquél "click"  había evitado que lo encendiese. Lo cogió y volvió a la habitación, tenía el tiempo suficiente de hacerse un tentempié, un sandwich rápido bastaría. Cogió el bolso, metió el cigarrillo en la cajetilla con el mechero. "En la estación"- pensó de nuevo- "mientras espero al tren le fumaré". Cuando salía por la puerta se acordó que no había cogido las llaves, las tenía en la mano cuando recibió la llamada, acababa de entrar en casa y debió de dejarlas en cualquier sitio. "Vaya, a última hora a buscar las llaves". Las había dejado sobre la mesilla cuando buscó la cajetilla sabiendo que había un último cigarrillo. Allí estaban.

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