martes, 26 de abril de 2016

BAJO LA SOMBRA DE UNA MENTIRA Capítulo XIII

- Entremos -dijo don Joaquín-. Las mujeres decidieron esperar en el vestíbulo. Los vestidos que se ponen, aunque lleven sus estolas de piel, ya sabes que no son para esperar en la calle.
Cuando accedieron al vestíbulo, las damas les esperaban junto a las puertas de acceso al interior. Fernando comprobó que la mujer de Agustín se encontraba tan llena de carnes como la mujer de don Joaquín, por el contrario, una joven alta, rubia y delgada, unos metros más alejada de ellas, estaba de espaldas leyendo uno de los carteles que colgaban de las paredes y que hablaban tanto de los actores como de la ópera que se iba a representar esa noche.
- ¡Oh, Fernando! por fin ya llegaste- la mujer de don Joaquín se acercó emocionada a éste- ven querida, te presentaré, Dorotea, Fernando, Fernando ésta es mi gran amiga Dorotea, su familia y la mía son antiquísimas.
- Encantado, señora- Fernando besó caballerosamente la mano de las mujeres, tuvo la sensación de tener ante sí a dos gallinas cluecas recién salidas de un corral. La joven que contemplaba los carteles de la pared se volvió al oír la chirriante voz de Gertrudis, la mujer de don Joaquín.
- ¡Oh, querida, acércate- la joven restó los metros que la separaba del grupo, colocó sus ojos sobre el apuesto hombre que se suponía acababa de llegar y que indudablemente sería a quién estaban esperando- es Fernando, Fernando ésta es Beatriz, la sobrina de mi querida amiga Dorotea. Es una muchacha encantadora y bellísima como podrás comprobar.
Fernando besó la mano de la joven que acababa de acercarse al grupo.
- Señorita Beatriz- la educación y cortesía en él era algo de lo que le gustaba presumir. Retuvo la profunda mirada de los ojos azules que aquella desconocida mujer mantenía sin apuro alguno.
- Gertrudis, me va usted a hacer sonrojar- dijo ésta tras una ligera inclinación de cabeza con la que correspondió al saludo de Fernando.
El timbre del teatro sonó en ese momento.
- Nos avisan ya de que debemos entrar- dijo don Joaquín, el hombre en su interior solo deseaba que aquella noche finalizara cuanto antes.
La luz se apagó en el interior del teatro y el sonido de la música de la orquesta comenzó a sonar en el preciso instante en que se corría el telón del escenario.
- ¿Le gusta a usted la ópera, Fernando? - le susurró Beatriz a éste.




No hay comentarios:

Publicar un comentario